Que la Navidad nos lleve a confesar con valentía a Cristo, alienta Arzobispo

, 08 Dic. 19 (ACI Prensa).-
El Arzobispo de Piura y Tumbes (Perú), Mons. José Antonio Eguren, alentó que el misterio de la Navidad que se celebrará en pocos días, aliente a los católicos a dar testimonio de Jesucristo con valentía.

“Deseo de que ante la inminente celebración del misterio de la Encarnación-Nacimiento del Hijo de Dios, todos profesemos la auténtica fe en el Señor Jesús, ya que una cierta mentalidad relativista imperante, cuestiona hoy en día no pocas veces el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios como el acontecimiento de la salvación para toda la humanidad”, escribió el Prelado en su exhortación pastoral por la Solemnidad de la Natividad del Señor Jesús 2019.

“La gran fiesta de la Navidad, debe llevarnos a todos los hijos de la Iglesia a proclamar nuestra fe y amor en Jesucristo, el Hijo único de Dios, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y nacido de Santa María Virgen”, continuó.

Mons. Eguren pidió luego que “en esta Navidad, al contemplar los diversos belenes de nuestros hogares, calles y plazas, nos maravillemos una vez más del misterio de amor que significa que Cristo haya venido a nosotros en la humildad de nuestra carne; que Dios se haya anonadado tomando la condición de servidor, haciéndose semejante en todo a nosotros menos en el pecado”.

“Que el misterio de Navidad nos lleve a confesar con valentía a Jesucristo, el Hijo de Dios y de la Virgen-Madre, quien se encarnó, murió y resucitó, y quien vendrá de nuevo al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos. ¡Sí: Nuestro único Señor y Salvador es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo! ¡Lo que más apreciamos en el cristianismo es al mismo Cristo!”, exhortó.

El Arzobispo recordó luego que la principal misión de los cristianos es “anunciar a Cristo como único Salvador de la humanidad” que en estos tiempos “necesita descubrir que Cristo es su Salvador. Este es el anuncio que los cristianos tenemos que llevar con renovada valentía al mundo de hoy, para así orientar la mirada del hombre moderno hacia el misterio del Señor Jesús, misterio en el cual sólo podrá hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza necesaria para edificar la auténtica solidaridad humana”.

Tras resaltar que Cristo viene al mundo para salvarnos de las tinieblas y el pecado, Mons. Eguren destacó que “Jesús, da a quien lo acoge la alegría que perdura, y a los pueblos que se abren a su amor, la unidad y la paz. La Navidad nos pide abrir el corazón a quien nos abre de par en par las puertas del Reino de los Cielos”.

“Celebrar la Navidad nos exige adorar al Niño Dios, y hacerle espacio en nuestro corazón, convirtiéndonos a su amor, a ese amor que creó el cielo y la tierra y que da vida a cada criatura: A los minerales, a las plantas, a los animales; a ese amor que es la fuerza que atrae al hombre y a la mujer, y hace de ellos una sola carne, una sola existencia; a ese amor que regenera la vida, que perdona las culpas, que reconcilia a los enemigos, y que transforma el mal en bien”.

El Prelado indicó también que en “En el misterio de Navidad hay una fuerte experiencia de la belleza de la familia. José y María, acogen a Jesús-Amor. ¡Cuánto necesitan hoy nuestras familias de ese amor! ¡Y cuánto necesita nuestra sociedad de familias fuertes en el amor del Señor! La familia, es la célula básica de la sociedad, la escuela del más perfecto humanismo, Iglesia doméstica y santuario de la vida”.

Por eso “la familia constituye la gran ‘riqueza social’, que otras instituciones no pueden sustituir”.

“Si Dios quiso entrar al mundo por medio de una familia, fue para subrayarnos que la familia es esencial para la conversión del mundo a Dios y para que exista una sociedad digna de la persona humana”, aseguró.

El Arzobispo peruano remarcó asimismo que “en la Navidad celebramos la gratuidad del amor de Dios que vence la lógica del utilitarismo, del egoísmo, del costo-beneficio, de la indiferencia y de la corrupción”.

Por ello, “si queremos que el desarrollo económico, social y político sea auténticamente humano, hay que dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad que se hace patente en el misterio de Dios que se dona sin condiciones por amor a nosotros”.

“La gratuidad, como experiencia central de la Navidad, ‘fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común en sus diversas instancias y agentes’”, refirió.

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