Misionero afirma: Proponer sacerdotes casados para Amazonía no va al fondo del problema

, 14 Oct. 19 (ACI Prensa).-
La propuesta de los sacerdotes casados para solucionar la falta de evangelización de la Amazonía es “ilusoria” y “casi mágica, que no toca el real problema de fondo” que es “la falta de fervor apostólico”, advirtió el misionero Martín Lasarte Topolanski, sacerdote que participa en el Sínodo de la Amazonía por invitación del Papa Francisco.

“La falta de vocaciones al sacerdocio y religiosas en la Amazonía ¿es un desafío pastoral o más bien es la consecuencia de opciones teológico-pastorales que no dieron los resultados esperados o parciales? Según mi opinión, la propuesta de los ‘viri probati’ como una solución a la evangelización, es una propuesta ilusoria, casi mágica, que no toca el real problema de fondo”, expresó el sacerdote salesiano en un texto publicado por el vaticanista Sandro Magister el 12 de octubre en su columna Settimo Cielo en L’Espresso.

El sacerdote uruguayo y misionero en Angola es el responsable de la animación misionera en África y en América Latina de la congregación salesiana. El Papa Francisco lo incluyó entre los 33 eclesiásticos que llamó personalmente para que participen en el Sínodo sobre la Amazonía.

El texto publicado por Magister es un resumen del artículo del P. Lasarte difundido el 12 de agosto en Settimana News con el título “Amazonía: ¿Los ‘viri probati’ son una solución?”

En su texto, el misionero señaló que el argumento de que es necesaria la ordenación de sacerdotes entre los laicos casados porque el ministro difícilmente puede llegar a las comunidades lejanas “peca de un enorme clericalismo” porque se deja de lado la labor de los laicos, creyendo que una Iglesia donde “no está el ‘sacerdote’ no funciona”. “Esa es una aberración eclesiológica y pastoral. Nuestra fe, el ser cristiano está radicado en el Bautismo, no en la ordenación sacerdotal”, indicó.

En ese sentido, puso los ejemplos de Corea, Japón, Angola y Guatemala, donde los laicos fueron fundamentales.

Recordó que en Corea la Iglesia nació gracias al laico Yi Seung-hun, bautizado en la China y que bautizó a otros católicos. “Por 51 años (1784-1835) desde su fundación la iglesia de Corea fue evangelizada por laicos, con la presencia apenas ocasional de algún sacerdote. Esta comunidad católica floreció y se expandió enormemente, pese a las terribles persecuciones, gracias al protagonismo de los bautizados”, indicó el P. Lasarte.

En el caso de Japón, luego del martirio del último sacerdote en 1644, estos no volvieron hasta 200 años después, encontrando “una Iglesia viva” formada por los “cristianos ocultos”. Durante ese tiempo los cristianos aseguraban que “la Iglesia retornará al Japón, y ustedes lo sabrán por estos tres signos: ‘Los sacerdotes serán célibes, habrá una estatua de María, y ellos obedecerán al Papa-sama en Roma’”.

Sobre su experiencia de 25 años en Angola, el sacerdote dijo que “acabada la guerra civil en 2002, tuve la posibilidad de visitar comunidades cristianas, que desde hace 30 años no tenían la Eucaristía, ni veían un sacerdote, pero eran firmes en la fe y eran comunidades dinámicas, guiadas por el ‘catequista’, fundamental ministerio en África (…). Una iglesia viva, laical con ausencia de sacerdotes”.

En América Latina puso como ejemplo a “los Quetchi del centro del Guatemala (Verapaz), donde pese a la ausencia de sacerdotes en algunas comunidades, los ministros laicos tienen comunidades vivas”, donde los evangélicos “poco han podido penetrar”. Dijo que pese a la escasez de sacerdotes, “es una Iglesia local rica en vocaciones sacerdotales indígenas” y “congregaciones religiosas femeninas y masculinas de origen totalmente indígena”.

En ese sentido, recordó que en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Papa señaló que escasez de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada frecuentemente “se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo”.

“El Santo Padre da en la clave del problema. No es la falta de vocaciones, sino la pobre propuesta, la falta de fervor apostólico, la falta de fraternidad y de oración; la falta de procesos serios y profundos de evangelización”, indicó el sacerdote salesiano.

Así, ante la pregunta de por qué luego de 200 a 400 años de evangelización faltan vocaciones en la Amazonía, el sacerdote indicó que “uno de los problemas pastorales en varias partes de América Latina, y en particular de la Amazonía, es la insistencia en los ‘viejos caminos’”. “Existe un gran conservadurismo en varias iglesias y estructuras eclesiales. Y no me refiero solo a tradicionalistas preconciliares, sino a líneas pastorales, mentalidades que se han quedado ancladas en el 68 y la década de los 70-80”, señaló el P. Lasarte.

Tres tipos de “Alzheimer pastorales”

En ese sentido, indicó que existen tres tipos de “Alzheimer pastoral” que afectan la evangelización en la Amazonía.

El primero es el “antropologismo cultural”, originado luego de la Declaración de Barbados de 1971, realizada por doce antropólogos, que “afirmaba que la Buena Nueva de Jesús era una pésima noticia para los pueblos indígenas”.

Aunque “de esta provocación, surgió en varias partes un fecundo diálogo entre antropólogos y misioneros, que ha servido de mutuo enriquecimiento”, en otros lugares “se cayó en una auto-censura, perdiendo la ‘alegría de evangelizar”, con “casos de religiosas que decidieron no anunciar a Jesucristo, ni dar catequesis, ‘por respeto a la cultura indígena’” y que “se limitarían al testimonio y al servicio”, pretendiendo que esto “supla el anuncio”.

El misionero recordó que en Evangelii nuntiandi, San Pablo VI indicó que “la Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios”.

El P. Lasarte dijo que el segundo tipo de “Alzheimer pastoral” es el “moralismo social”. “De más de un lugar he sentido expresiones similares de los agentes pastorales: ‘Cuando la gente precisa de servicios vienen a nosotros (Iglesia Católica), pero cuando buscan un sentido para sus vidas van a otros (evangélicos, etc.)’. Es evidente y muy constatable, que la iglesia queriendo ser ‘una Iglesia Samaritana’ se ha olvidado de ser una ‘Iglesia Magdalena’, una Iglesia prestadora de servicios que no anuncia el gozo de la Resurrección del Señor”, señaló.

El misionero reafirmó que el compromiso social de la Iglesia y la opción por los más pobres sigue siendo “un aspecto constitutivo del proceso evangelizador” y una riqueza; pero “el problema es cuando este tipo actividades ha absorbido el resto de la vida y dinamismos de la Iglesia, dejando en la sombra, silenciado, o dado por supuestas las demás dimensiones: kerigmática, catequética, litúrgica, koinonia. Estamos en una tensión no resuelta de Marta y María”.

Indicó que si bien la “gran hemorragia” de católicos hacia iglesias evangélicas responde a varios factores, ciertamente “la falta de una pastoral mucho ‘más religiosa’ y ‘menos sociologizada’ ha influenciado muchísimo”.

“Visitando una diócesis, donde en los inicio de los años 80, el 95% de la población era católica hoy son el 20%. Recuerdo el comentario de uno de los misioneros europeos que sistemáticamente han ‘des-evangelizado’ la región: ‘No favorecemos la superstición sino la dignidad humana’…Pienso que está todo dicho”, expresó. “La iglesia en algunos lugares se ha transformado en una grande manager de servicios (sanitarios, educativos, promocionales, de advocacy…), pero poco en madre de la fe”.

Finalmente esté el “secularismo”. “Una iglesia se seculariza, cuando sus agentes pastorales interiorizan dinámicas de una mentalidad secularizada: la ausencia o una muy tímida, casi pidiendo perdón, manifestación de la fe”, señaló.

Dijo que las consecuencias “se reflejan en la esterilidad vocacional o en la falta de perseverancia en el camino emprendido, por carencia de motivaciones profundas”, pues “nadie deja todo para ser un animador social, nadie entrega su existencia a una ‘opinión’; nadie ofrece el absoluto de su vida a un relativo, sino solo al Absoluto de Dios”.

“Cuando esta dimensión teológica, religiosa no es evidente, patente y viva en la misión, nunca existirán opciones de radicalidad evangélica, que es un indicador de que la evangelización tocó el alma de una comunidad cristiana”, señaló.

Para terminar el artículo, el P. Lasarte indicó que una comunidad cristiana que “no genera vocaciones sacerdotales y religiosas, es una comunidad portadora de alguna enfermedad espiritual”. “Podremos ordenar los ‘viri probati’, las honeste mulieribus, los pueribus bonum, pero los problemas de fondo permanecerán: una evangelización sin Evangelio, un cristianismo sin Cristo, una espiritualidad sin Espíritu Santo”, afirmó.

“Lógicamente que una visión horizontal de la cultura dominante, donde Dios está ausente, o reducido a algunos conceptos simbólicos, culturales o morales, es imposible que llegue a apreciar el fecundo valor espiritual y pastoral del celibato sacerdotal como un don precioso de Dios y de total y sublime disposición de amor y servicio a la Iglesia y a la humanidad”.

El misionero salesiano aseguró que “solo podrán existir vocaciones sacerdotales auténticas cuando se establece una relación auténtica, exigente, libre y personal con la persona de Jesucristo. Tal vez sea muy simplista, pero a mi modo de ver el ‘nuevo camino’ para la evangelización de Amazonía es la novedad de Cristo”.

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