Beatifican a sacerdote que murió mártir en campo de concentración nazi

REDACCIÓN CENTRAL, 15 Sep. 19 (ACI Prensa).-
El presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Cardenal Kurt Koch, presidió este domingo 15 de septiembre la Misa de beatificación del P. Richard Henkes, sacerdote palotino que murió mártir en el campo de concentración de Dachau durante la Segunda Guerra Mundial.

En su homilía en la Catedral de Limburgo, el Cardenal afirmó que “los beatos y los santos son la respuesta de Dios a las preguntas de nosotros los humanos” y “los mejores exegetas del Evangelio porque dieron testimonio de él con sus propias vidas”.

«El amor no está exento de sacrificios. El martirio cristiano solo es real si se realiza como el acto supremo de amor a Dios y a los hermanos y hermanas», resaltó ,luego.

«Solo donde Dios se hace grande por nosotros, donde hacemos lo mismo que María en el Magnificat –Magnificat anima mea: mi alma se hará grande con Dios– donde eso suceda, allí el hombre no se hace pequeño, sino que recibe parte la grandeza del amor de Dios”, continuó el Pupurado según informa CNA Deutsch, agencia en alemán del Grupo ACI.

El Cardenal Koch subrayó asimismo que “los verdaderos reformadores de la Iglesia son los beatos y los santos”.

Richard Henkes, nació en Ruppach, Alemania, el 26 de mayo de 1900, en el seno de una familia numerosa. A los 12 años ingresó al Seminario menor de la Pía Societas missionani, como se llamaba entonces a la Sociedad del Apostolado Católico o palotinos.

En 1918 debió servir en el ejército. Un año despúes ingresó al noviciado y emitió su primera profesión religiosa el 25 de septiembre de 1921. Tra haber pasado a la formación filosófico-teológica, Henkes vivió un periodo de crisis humana y espiritual entre 1923 y 1925. Tras una atenta reflexión, decidió proseguir en la vida consagrada. Hizo su profesión perpetua el 25 de septiembre de 1924 y fue ordenado sacerdote el 6 de junio de 1925.

Se le encargó enseñar en varias escuelas de los sacerdotes palotinos y en este periodo mantuvo una amistad epistolar con una joven, algo que no fue bien visto por sus superiores que lo amonestaron canónicamente en el verano de 1931.

Debió dejar de enseñar debido a la tuberculosis que lo afectó. Como sacerdote, señala el dairio del Vaticano L’Osservatore Romano, “reconoce en la afirmación del nacionalsocialismo (nazismo) una ofensa a la dignidad humana y a la fe católica. La franqueza que usa en las prédicas y sus comentarios sobre la nueva ideología y las críticas al régimen nacionalsocialista, lo pusieron como blanco de la policía secreta, la Gestapo”.

En 1938 lo detuvueron aunque posteriormente fue liberado. En 1943 volvió a ser detenido y, esta vez, lo enviaren al campo de concentración e Dachau, donde conoció al futuro Cardenal Josef Beran, también prisionero allí.

Fue enviado a la barraca número 26 con otros sacerdotes. En el campo de concentración sirvió siempre a los demás. En 1944 surgió en la barraca 17 una epidemia de tifoidea y se ofreció a ayudar a los enfermos, pese al riesgo de contagio.

A mitad de febrero de 1945 enfermó de tifoidea. Murio el día 22 a causa de esta dolencia.

LOR señala que “los testimonios subrayan su completa disponibilidad para ayudar a los demás. También sus cartas a los parientes y conocidos en su parroquia atestiguan su madurez humana y sacerdotal”.

Tras su muerte se logró que fuera cremado separadamente y sus cenizas fueron sacadas clandestinamente del campo de concentración para ser llevadas a la parroquia de Dachau. Finalmente y tras la liberación del campo de concentración el 29 de abril de 1945, fueron enviadas a la casa provincial de los palotinos en Limburgo.

Algunos años después de su muerte se inició su causa de beatificación, proceso que se detuvo durante un tiempo para ser retomado en el año 2000. En diciembre de 2018 el Papa Francisco firmó el decreto que reconoció el martirio del P. Henkes.

En el rezo del ángelus de este domingo, el Santo Padre recordó a Benedetta Bianchi, beatificada ayer en Italia; y al “P. Riccardo Henkes, sacerdote palotino, asesinado por odio a la fe en Dachau en 1945. Que el ejemplo de estos valientes discípulos de Cristo sostenga también nuestro camino de santidad. ¡Un aplauso para los nuevos beatos!”.

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