El mundo occidental se muere de viejo, lamenta Obispo

MADRID, 16 Sep. 17 (ACI).-
En su más reciente carta semanal, el Obispo de Córdoba en España, Mons. Demetrio Fernández, lamentó que en nuestros días el mundo occidental se muere de viejo debido al invierno demográfico.

En su carta del 14 de septiembre por el Encuentro Diocesano de Laicos que se realizará en Córdoba el próximo 7 de octubre, el Prelado dijo que actualmente “atravesamos un invierno demográfico tremendo, es decir, no nacen los hijos necesarios para el repuesto generacional, y por tanto, hay más viejos que niños”.

“El mundo occidental –España, entre ellos- se muere de viejo”, lamentó.

El invierno demográfico, dijo el Obispo, es contrario al hecho que “Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer esta capacidad de complementación recíproca, que se prolonga en los hijos, por los que los padres están dispuestos a dar la vida, a gastarse un día tras otro. Es una aventura que genera esperanza”.

Por ello, la negativa de muchos ahora a tener hijo, constituye un grave desafío y “una mutación fundamental en la convivencia”; y por esa razón ha convocado para el encuentro diocesano a varias personas que darán “testimonios muy elocuentes del valor de la familia y de la vida”.

Mons. Fernández también se refirió a la importancia de la educación de los niños y jóvenes, así como el rol fundamental de los padres porque en este aspecto “son insustituibles”.

“El Estado está al servicio de este derecho fundamental, que no cumple solamente con ‘una escuela única, pública y laica’, sino que debe apoyar toda iniciativa social, como son las escuelas de la Iglesia Católica. No se trata de un favor, sino de un derecho”.

Mons. Fernández también resalta la presencia de la fe católica en la escuela pública y recuerda la necesidad de atender a los pobres en sus distintas clases de pobrezas como “esclavitudes, explotaciones, abusos, descartes con rostro humano; la pobreza de no tener a Dios, que es la más grande de las pobrezas, tan extendida en nuestro tiempo”.

“La Iglesia está llamada a salir al encuentro de todas esas pobrezas, reconociendo el rostro de Cristo en los pobres de la tierra, cercanos y lejanos, y tratando de incorporarlos a la tarea de la evangelización”, subrayó.

El Obispo de Córdoba recordó que todo esto debe enmarcarse en una “aspiración seria a la santidad” en unión con Cristo “y al mismo tiempo con una inserción en el mundo, como lugar propio de los laicos: en la familia, en el trabajo, en la cultura, en la vida pública, en todos los ámbitos donde el seglar/laico se convierte en sal de la tierra y luz del mundo, en fermento que transforma la masa”.

En definitiva, concluyó, “como el alma en el cuerpo para animar nuestra sociedad contemporánea”.

Puede leer la carta completa AQUÍ.

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