Fortaleza y Esperanza en el Señor

«Hijos míos queridos, os abrazo en el Señor,
y le suplico que os guarde de todo mal,
os dé paciencia como a Job,
gracia como a José,
mansedumbre como a Moisés,
el valor en el combate como a Josué, hijo de Nun,
dominio de los pensamientos como a los jueces,
victoria sobre los enemigos como a los reyes David y Salomón,
la fertilidad de la tierra como a los israelitas…

Os conceda el perdón de vuestros pecados con la curación de vuestro cuerpo como al paralítico.
Os salve de las olas como a Pedro,
os libere de la tribulación como a Pablo y a los demás apóstoles.
Os guarde de todo mal como a sus hijos verdaderos,
y os conceda todos los anhelos de vuestro corazón,
para bien de vuestra alma y de vuestro cuerpo,
en su nombre. Amén»

(Barsanufio y Juan de Gaza, Epistolario, 194: Collana di Testi Patristici, XCIII, Roma 1991, pp. 235-236).

Barsanufio de Gaza (murió hacia mediados del siglo VI) fue un asceta de gran fama, al que consultaban monjes, eclesiásticos y laicos por su clarividente discernimiento.
Cita con frecuencia el versículo del Salmo:
«El Señor te guarda de todo mal; él guarda tu alma».

Con este Salmo, con este versículo, Barsanufio quería confortar a los que le manifestaban sus aflicciones, las pruebas de la vida, los peligros y las desgracias.

de las Catequesis de Papa San Juan Pablo II – Extensión por Papa Benedictus XVI en la Audiencia general del Miércoles 4 de mayo de 2005 –

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