¿Qué sucede cuando Dios es expulsado de la esfera pública? Responde Arzobispo

SANTIAGO DE CHILE, 04 Dic. 16 (ACI).-
El Arzobispo de Concepción en el sur de Chile, Mons. Fernando Chomalí, expresó que “a Dios lo están sacando desde hace un buen tiempo de la esfera pública” y eso ha traído como consecuencia una autorrealización y una libertad mal entendida; la pérdida de sentido de la belleza y la esencia de las cosas; el utilitarismo y la competencia.

En su reflexión “Hablar de Dios en tiempos de Francisco”, el Prelado manifestó que intentan sacar a Dios “del corazón de los hombres postulando la fe como un desquicio de la vida personal y social, y constitutivo de una alienación que oprime y quita libertad”.

“La pregunta por la esencia de las cosas, por su verdad, independiente del sujeto que la estudia es, para muchos, cosa del pasado. Como consecuencia de ello, la ética perdió espacio en el horizonte cultural y se limita a promover la idea de que los actos tienen valor en la medida que son fruto de la autonomía, que no dañen a otro y que tengan presente la utilidad como referente y máximo valor a alcanzar”.

“La belleza ha ido perdiendo todo sentido y los resultados de ello están a la vista”, la sociedad “se ha ido pauperizando, en un claro proceso de jibarización de la dignidad humana y de la cultura”, agregó.

Mons. Chomalí recordó la encíclica Populorum Progressio del Papa Pablo VI: “Ciertamente el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero al fin y al cabo, sin Dios no puede menos que organizarla contra el hombre» y denunció como ejemplo de eso a los inmigrantes que mueren ahogados en el mar; los ancianos solos, abandonados y pobres con los niños abortados.

“El desencanto social que vemos día a día es la respuesta a esta lógica de la indiferencia y del ensimismamiento”, agregó el Prelado que cuenta con un máster en bioética por el Instituto Juan Pablo II de la Pontificia Universidad Lateranense.

Mons. Chomalí, explicó que “desembarcar a Dios de la cultura” es negar “el valor de la condición religiosa del hombre como experiencia propiamente humana y social”.

Así, el ser humano perdió “toda referencia objetiva que lo orientara más allá de las vicisitudes del tiempo y del espacio” y comenzó “a construir al hombre autorreferente que se crea a sí mismo desde sus propias convicciones”.

“La libertad mal entendida se convirtió para muchos en la peor de las esclavitudes. Es la consecuencia lógica de una libertad que no reconoce una verdad última y menos un bien a alcanzar fuera del sujeto. Este panorama fue campo de cultivo de los caudillismos en todas las esferas de la sociedad y de un gran descontento”, precisó.

“La ausencia de un referente último en quién fundar la existencia y la convivencia ha llevado a la segregación social y a la violencia como método para resolver los conflictos”.

El Arzobispo de Concepción expresó que el consumo es el motor del ser humano, con ello “resulta imposible lograr la coherencia social, porque el otro deja de ser parte del proyecto común y se transforma en uno más en la competencia, al que obviamente, hay que vencer”.

“Esta competencia, en la práctica, comienza en el vientre materno al desechar a los seres humanos que vienen con malformaciones, son fruto de una violación u otras causas”, agregó.

El Prelado recordó que el Papa Francisco invita a “volver al fundamento del aporte que hace la Iglesia Católica para generar una sociedad más justa, fraterna y digna para el hombre”, “volver la mirada (…) a aquel que está excluido y descartado de un sistema de intercambio de bienes y servicios que no ha puesto al hombre al centro de la organización social”.

“Francisco, con claridad nos está invitando a tomar una posición más clara respecto de nuestro propio estilo de vida, porque es en esa práctica concreta y real que seremos luz que ilumina a los demás”.

“El Papa nos está pidiendo una y otra vez que nuestros actos hablen por sí mismos. Son los gestos el modo más preciado para mostrar no sólo que Dios es el fundamento de nuestra vida, sino que además el principio rector desde donde podemos recomponer el tejido social. (…) Y con alegría, esperanza, fe y mucha caridad”, concluyó.

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