Reflexiones sobre Saulo – Pablo

saulopablosmallEl Evangelio de esta semana narra las primeras acciones heroicas de los cristianos después de la muerte y resurrección de Jesús.

Los Hechos de los Apóstoles nos hace conocer a Esteban quien, con la grande claridad de la Verdad, desvela rotundamente la hipocresía de los sacerdotes-políticos de aquel entonces y por eso fue apedreado.

Pero, precisamente con Esteban, vemos entrar en punta de pié a otro grande cristiano de la historia: Saulo antes de su conversión.

Y aquí distingamos dos distintos tipos de pecadores: los escribas y fariseos que sabían de cultivar en sus almas el veneno de la hipocresía pero le daba lo mismo porque habían entregado el propio espíritu a la corrupción del pecado, y Saulo quien pecaba sí pero pensando de hacer el bien porque realmente creía que los cristianos fueran una amenaza.

Dios vee más allá de las apariencias y es por eso que nosotros, como humanos, no podemos juzgar al prójimo por sus acciones. Pero tenemos el deber de luchar en contra de las ideologías y de las acciones malas sin quitar la posibilidad al pecador que cambie su actitud, más bien, rezar para que su espíritu renazca a una vida llena de amor hacia los demás y, sobre todo, hacia Dios como Padre de todos nosotros.

Me da una infinita pena ver como muchas personas (sobre todos aquellos que están en una posición de «poder») se comportan en la misma forma de los escribas y fariseos de aquel entonces. Es la prueba que el espíritu humano cae en los mismos errores de siempre y que la Palabra de Dios, siempre permanece actual precisamente porque la fragilidad humana tiene siempre el mismo patrón.

Pero esto no quiere decir que sea imposible convertirse en un justo. Nuestro eterno problema es el control del Ego. Es el Ego que nos impide de reconocer nuestros errores, nuestras fragilidades en caer más fácilmente hacia el pecado en vez que hacia el bien, y es el Ego que construye excusas para justificar nuestras injusticias, hipocresía y maldades hacia los demás.

Y bastaría muy, pero muy poco controlar nuestro Ego. Bastaría un examen de conciencia y ver las contradicciones existentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Analizar si nuestro árbol interior está podrido o si da frutos sabiendo bien que los verdaderos frutos, los que permanecen en eterno no son ni el dinero, ni el poder, ni el placer, ni la vanidad, ni la gloria sino las buenas obras que hacemos a los demás sobre todo hacia los más débiles. Porque hacemos parte de un sólo cuerpo. Estamos todos conectados y el mal de uno, en la realidad de las cosas, es el mal de todos. ¡Pero, cuanto lejos estamos de la Armonía que Dios quiere de nosotros!

Rezar – sabiendo lo que se dice y reza – para que los espíritus se despierten a la Luz de la Verdad y de la Misericordia es el único camino que hace milagros así como fue para Saulo que se convirtió en San Pablo.

barbara

 

Marcar el enlace permanente.

Comentarios cerrados.